La juventud no tan chic de Coco Chanel

Mañana se estrena “Coco antes de Chanel”, de Anne Fontaine, sobre la infancia y adolescencia de la más famosa y polémica diseñadora francesa.

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El reconocimiento y fama mundial alcanzado por la diseñadora Gabrielle Bonheur “Coco” Chanel a lo largo de su carrera, no pudo ocultar sin embargo una vida marcada por tragedias y pérdidas, que ella misma quería olvidar. La construcción de un imperio entorno a la moda durante toda su vida la catapultó hasta llegar a convertirse en un ícono mundial de liberación femenina y de modernidad. Pero también trascendieron hasta nuestros días las relaciones que tuvo con los hombres, en un ambiente de oportunistas poco antes de la primera guerra mundial. Se mostraba snob y excéntrica, fue historia y es mito.

“Coco Antes de Chanel” de la francesa Anne Fontaine (Natalie X) con Audrey Tautou (“Le fabuleux destin d”Amélie Poulain”, aquí llamada sólo “Amelie”), se estrena mañana en la cartelera porteña. Pero los ribetes más jugosos de la vida de Coco Chanel quedaron de lado en el relato que propone la directora y guionista francesa Anne Fontaine, que sólo se centra en la adolescencia de Chanel y un mínimo de la infancia, y descarta directamente todo lo que vino después. La propuesta minimalista de la directora dejó afuera lo más conocido de la vida de la diseñadora, tanto por sus éxitos como por sus escándalos.

El relato comienza con la pequeña Gabrielle cuando fue abandonada, junto a su hermana, en el monasterio de Aubazin, lugar donde le enseñarían a coser y zurcir y también donde se nutriría creativamente. Con buenos encuadres y fotografía, la directora muestra con detenimiento esos colores, texturas y conceptos que Coco desarrollaría en su posteridad como elemento constitutivo en sus modelos iniciales. La palidez y austeridad serían su sello distintivo en una época en que la moda pasaba por el exceso ornamental.

Ya en la adolescencia sus “tías” le conseguirían un trabajo en confección. Pero sus planes eran otros. Comenzó cantando junto a su hermana en burdeles. Pero los sueños de llegar a la gran ciudad –por París- impulsada por el talento de su voz era un camino demasiado improbable. Gabrielle decide, entonces, tomar sus pocos bártulos e instalarse en la casa del millonario Etienne Balsan (Benoît Poelvoorde), el mejor personaje de la película. Un burgués acaudalado y simplón, que había conocido en altas horas del cabaret.

“Jamás dependeré de nadie”. “La gente se peleará por cenar en nuestra mesa”, repetía la ambiciosa Coco de Fontaine. Casi como heroína de melodrama paternalista, sus pensamientos chocan de frente con la realidad: vive “de arriba” en la mansión Balsan y debe someterse a humillaciones y favores carnales. Todo sea por llegar a la “Ciudad Luz”.

Es gracias a los contactos de Etienne, quien conoce artistas de teatro y personalidades, que Coco hace sus primeras ventas de sombreros. En su estadía durante la señorial mansión de Balsan conoce a Boy Copel, un comerciante inglés personificado por el actor Alessandro Nivola, del que se enamora. Ambos hombres comparten la cama de Coco y aportan para abrir el primer local CHANEL.

La película y sobre todo la actuación de Audrey Tautou levantaron buenas críticas en Francia y no así en España. Lo cierto es que uno debe olvidarse de la performance de la actriz que encarnó a Amelie Poulain. Ahora el “fabuloso destino” es el de Coco Chanel, pero a Audrey, desgraciadamente, no le tocó actuar la parte más glamorosa de la historia de la diseñadora.

Cabría preguntarse cuál es el fin de contratar a una probada actriz en comedia como Tautou para hacer el personaje de una joven esquiva. Es la parquedad del personaje de “Coco” la causante de que no se traduzca la necesaria tensión hacia el final de la película. Si el personaje no se inmuta ante el supuesto peligro que existe de que no pueda abrir su tienda nunca, ¿porqué lo hará el espectador?

El epílogo final es una secuencia en un desfile que hizo en su local, con las modelos bajando por su tradicional escalera. El éxito estaba comenzando. Coco está sentada en la escalera fumando, de ahí en más, “a la Chanel” un cigarrillo y recuerda, en un simple flashback, lo que pasó en todos estos años de sufrimiento y dónde está ahora. La libertad es cara pero “madmoiselle” pagó lo que había que pagar. Coco, puede sonreír.

También sonreirán aquéllos a los que les guste ver una producida reconstrucción de época, decorados majestuosos, los pulcros bailes en salones blanquecinos, trajes de fiesta y los autos de colección. Con un presupuesto de arte más que abultado y la colaboración de “CASA CHANEL” era lo menos que podía ocurrir.

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