Notable recital de Rodolfo Mederos en el Tasso

El bandoneonista cautivó al público desde el inicio con un repertorio de clásicos y novedades, en una fecha especial del Festival de Tango organizado por el local de San Telmo.

Viernes 10 de Diciembre, 22.30 hs. Bandoneón en mano, Rodolfo Mederos (70) recorre los treinta metros que separan el camarín del escenario en el Centro Cultural Torcuato Tasso del barrio de San Telmo. El público acompaña el camino del músico por la sala, con un afectuoso aplauso de bienvenida.

Sin mediar palabra, algo que cambiará radicalmente durante el desarollo del recital, Mederos se acomoda bajo una luz tenue y enmudece al público con los acordes iniciales del tango “Soledad” de Gardel y Le Pera que arranca la primera ovación al terminar.

“Esta noche vamos a tocar varios temas que fueron compuestos para musicalizar las poesías de Juan Gelman y que estrenamos bajo el nombre “Del amor” en la sala Oriol Martorell de L’Auditori de Barcelona hace poco”, afirmó el bandoneonista, e invitó al escenario al guitarrista Armando de La Vega y al contrabajista Sergio Rivas para que lo acompañaran.

Entre canción y canción, Mederos ofreció sus opiniones sobre la música, recuerdos de la docencia e hizo un llamamiento político a no perder la memoria: “Sin memoria, no hay futuro”, enfatizó.

“Hablando de memoria -dijo el músico- hay un alemán que me tiene preocupado” (por el Alzheimer) ¿Lo conocen, no?”. La respuesta del público fue afirmativa, entre risas. “¿Y al italiano?, ése creo que me pone peor”, afirmó. Ante el desconcierto, Mederos remató con ritmo de stand-up: “Se llama Franco Deterioro”.

Aunque lo preocupe, el tiempo no parece jugarle en contra al creador del grupo Generación Cero. Mederos es un virtuoso y lo demostró una vez más en este recital, una de las citas obligadas del Festival de Tango organizado por el Centro Cultural Tasso.

“El tango es música, poesía, y también es danza. Asi que los que quieran, pueden ensayar unos pasos, siempre hay un lugarcito”, invitó el músico. El trío brindó entonces “El Choclo” y “Porteñito” en las clásicas versiones que invitaban a sacarle viruta al piso.

Como bis, alguien le pidió “Adiós Nonino” y no hubo mucho más que hablar. Sin un sólo ruido en el ambiente Mederos se encomendó a su amigo Piazzolla. Se percibió mucha emoción en la interpretación y hubo una gran despedida de parte del público, que agradeció de pie cuando se retiró el bandoneonista. El que faltó toda la noche fue ese tal Deterioro, del cual no hubo ni noticias.

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