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Viaje a los últimos años de Orson Welles

‘Mis almuerzos con Orson Welles, conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles‘ con edición de Peter Biskind (Anagrama) es un volumen ineludible para conocer a fondo al genial director estadounidense.

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‘Catherine Herpburn estaba obsesionada con el sexo, pero era Grace Kelly la que lo tenía hasta en su camarín. Físicamente no soporto a Woody Allen, Charlie Chaplin está sobrevalorado y Bogart es un actor de segunda‘, sentencia provocativo un Orson Welles de setenta y largos años en las entrevistas que ven hoy la luz en el libro ‘Mis almuerzos con Orson Welles, conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles‘ (Anagrama).

El material inédito hasta hora y que se consideraba perdido, pasó más de 30 años guardado en una baulera hasta que el periodista y crítico estadounidense Peter Biskind convenció a Jaglom para que transcribiera esas charlas informales que había tenido con el director de obras monumentales como Citizen Kane, Fake y Los Magníficos Ambersons, en un popular restaurant al que asistían actores y directores llamado Ma Maison.

Entre inverosímiles órdenes a los mozos y los ladridos de kiki, la mascota de que lo acompañaba a todo lugar, Welles lanza sus bravuconadas al aire contra las estrellas inmaculadas de la industria del cine hollywoodense y se muestra rencoroso con todos aquellos grandes productores que no le dieron la oportunidad que merecía después de hacer obras tan fundamentales para la historia del séptimo arte.

Pero en las charlas que rescata el libro también deja ver sus preocupaciones por la política de su país e internacional -recuerda una cena con el periodista Jacobo Timermann-, habla intimidades de las mujeres con las que estuvo, cuenta anécdotas con escritores y, sobre el final, detalla su desesperante situación económica.

Amado, odiado y también temido a la vez por su verborragia precisa e hiriente, de la que este singular libro es ejemplo ineluctable, las conversaciones condensan sus dos últimos años de vida, que pasó con la salud diezmada y en silla de ruedas más no por ello abandonó el trabajo y la creación hasta el final. Orson Wells falleció en 1985 con la máquina de escribir en el regazo.

Un libro para acomodar en la biblioteca justo entre ‘Hollywood Babilonia‘ de Kenneth Anger y ‘Raising Kane y otros ensayos‘ de Pauline Kael.

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El joven Mansilla, un hallazgo para la literatura argentina

La escritora María Rosa Lojo investigó el manuscrito ‘Diario de viaje a Oriente’, un libro de Lucio V. Mansilla que se creía perdido. Aquí nos cuenta cómo fue el proceso de trabajo, cuál es la importancia del descubrimiento para la literatura argentina y a qué conclusiones arribaron para la edición crítica que publica ahora Corregidor.

María Rosa Lojo es Dra. en Letras, una consumada escritora de ensayos, cuentos, novelas e investigadora especialista en literatura argentina. Hace seis años llego a sus manos el manuscrito original de ‘Diario de viaje a Oriente’ de Lucio V. Mansilla, un volumen que se consideraba extraviado para siempre. La investigadora, junto con un grupo de especialistas, trabajó sobre la obra y produjo un estudio crítico que acompaña la primera edición de ese diario que hoy se consigue en librerías de la mano de Corregidor.

¿Cómo llega a uds. el original de ‘Diario de Viaje a Oriente’?

Nos enteramos del hallazgo del manuscrito por el tataranieto de Lucio V. Mansilla, el escribano Luis Bollaert. Se sabía que Lucio había escrito un diario de ese fabuloso viaje a Oriente que hizo tan joven, apenas con 18 años, porque él mismo lo menciona en ‘Recuerdos de Egipto’ (1864), pero se consideraba perdido el original. Sin embargo, éste fue encontrado en el desván de la casa familiar de Luis Bollaert, luego del fallecimiento de su madre. Luis ya me conocía por mis trabajos anteriores sobre Mansilla, así como por mi novela ‘La pasión de los nómades’ (1994), cuyo protagonista es Lucio V. y decidió comunicarme su descubrimiento, a ver si valía la pena publicarlo.

Tuvieron muchas dificultades para trabajar con el material original…

No es nada fácil. Trabajamos unos seis años, desde que supimos de su existencia, hasta las últimas pruebas de galera, que se hicieron en 2012. Obras como ésta son ideales para el trabajo en equipo. Marina Guidotti y María Laura Pérez Gras se dedicaron intensamente a la tarea de fotografiar y transcribir el material, con el auxilio parcial de Cristina del Solar, profesora de la Universidada del Salvador. Victoria Cohen Imach realizó luego un análisis lingüístico del manuscrito, en el plano gráfico, morfosintáctico y semántico, con la colaboración externa de Elizabeth Rigatuso. Yo supervisé el conjunto del trabajo, así como las muchas notas al texto, y tuve a mi cargo la redacción final de la Introducción, a la cual todas hicieron aportes importantes. La labor de equipo es fundamental para poder dividir tareas, y consultar las dudas. Las correcciones son infinitas y cuantos más ojos expertos escudriñen un texto, mejor salen las cosas. En este caso había una dificultad extra, que era descifrar dos cuadernos manuscritos, deteriorados y literalmente desteñidos, con partes incluso escritas en lápiz, con tachaduras y enmiendas. A veces hubo que volver una y otra vez a revisar una misma página. El segundo manuscrito, vertical, intenta pasar en limpio al primero, apaisado. Pero la transcripción es incompleta y presenta variantes con respecto al borrador original. También hacemos la detallada comparación de ambos en la edición de Corregidor.

¿Cuál es la importancia dentro de la obra de Mansilla?

El Diario tiene una enorme importancia para la llamada “crítica genética”. Es una llave de ingreso a la obra posterior de Mansilla, porque este viaje crea las condiciones de posibilidad de su mirada singular, no ya sobre los indios de la India, sino sobre los de su propio país, motejados como “bárbaros” irrecuperables por el pensamiento hegemónico de su tiempo. Es que en Calcuta, o en Madrás, o un poco después, en los salones de París, es él quien será visto como un “bárbaro” periférico, proveniente de un país “salvaje”. Así, el joven Lucio aprenderá que todo es relativo, que los juicios de valor dependen de quién mira la realidad y desde dónde se lo hace.

Además repercute en otras obras del autor…

Si, en muchos escritos posteriores que reelaboran este periplo extraordinario. Dos de ellos: ‘De Adén a Suez’ (1855) y ‘Recuerdos de Egipto’ (1864) se han incluido en esta edición. Pero también Mansilla se refiere al tema en varias de sus causeries (ensayos breves, de tono conversacional), y en múltiples lugares, incluida su gran obra ‘Una excursión a los indios ranqueles’ (1870). Aunque el aprendiz del Diario está lejos de ese maduro escritor, en su mirada aún ingenua y asombrada ya aparece la ironía con respecto a las diferencias y similitudes recurrentes de la condición humana o al colonialismo británico y sus prácticas imperiales (después de todo, era sobrino y ahijado de Juan Manuel de Rosas). Se advierte, además, por la enumeración de sus lecturas, no solo de sus aventuras geográficas, una intensa avidez intelectual que lo acompañará siempre, permitiéndole ir de los libros al mundo, y volver desde el mundo a los libros, tejiendo redes fecundas entre experiencia y erudición, entre la lengua propia y las lenguas ajenas. Esto será siempre un sello distintivo de la escritura mansillana.

También es notable para la literatura argentina en gral.

Mansilla es el primer escritor argentino en hacer un viaje cuyo destino inicial es el Oriente asiático y su Diario inaugura este campo discursivo y temático en la literatura nacional.

¿Qué los sorprendió al leer el manuscrito?

Muchas cosas. Una de ellas es que aunque Lucio V. se quejará siempre de su falta de herramientas culturales para abordar un mundo tan distinto y complejo, al lector de hoy lo cautiva precisamente eso: la dimensión del choque, sin filtros, sin intermediarios. Cuando Mansilla es enviado a Calcuta, ni siquiera conoce la cercana ciudad de Montevideo. No está preparado para todo lo que va a ver, y por eso mismo la experiencia lo impacta tan profundamente, aunque carezca entonces de los recursos para interpretarla y dar cuenta de ella.

También hay muchas referencia a familiares…

Si, es interesantísimo desde el punto de vista de las relaciones familiares y las formas de la sensibilidad de la época. Durante toda la travesía marítima, domina el recuerdo constante de la familia en los términos más afectuosos: la madre, la abuela fallecida que vela por él, la hermana, los hermanos. Con respecto al padre la cuestión es más compleja, porque Lucio se sabe de algún modo “desterrado” por faltas que ha cometido (lecturas inconvenientes, amores más inconvenientes aún). En este punto se mezclan el afecto, cierto temor, el deseo de quedar bien a toda costa mostrando que se ha madurado, dando cuenta de otras lecturas respetables, instructivas, que podrán convertirlo en viajero profesional y experto comerciante. A eso, a quedar bien con su padre, se destina el manuscrito vertical que pasa en limpio parte del borrador apaisado, pero se detiene, lamentablemente, en lo más interesante, con la llegada a Calcuta.

Parece ser un viaje muy sufrido para el joven Mansilla…

La impresión que deja el adolescente narrador de la travesía marítima es bastante patética: un chico hipersensible, o un niño mimado, que sufre agudamente la soledad y los mareos, a quien le repugnan los medicamentos para las náuseas o la diarrea (pero ya no puede rechazarlos como en su casa, porque los tripulantes se burlarían de él). Aunque la nostalgia por los suyos sigue presente cuando toca tierra (el 21 de febrero recuerda que ya han transcurrido casi seis meses sin noticia alguna), la angustia va desapareciendo y es paulatinamente reemplazada por la expectativa y la curiosidad. Quien termina su viaje no es el mismo que ha partido. Su saldo más rico será el conocimiento de la propia identidad y de la propia comunidad a través del juego de espejos de la distancia, del permanente vaivén de los opuestos.

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La vida acuática con Arturo Pérez-Reverte

‘Los barcos se pierden en tierra’ (Alfagura), reúne ‘Textos y artículos sobre barcos, mares y marinos entre 1994 y 2011’, del escritor de “Las aventuras del capitán Alatriste”.

Es una inusual tarde con un calmado Mediterráneo, donde el sol acaricia benévolo la piel cuarteada del marinero somnoliento y la brisa acompaña el lento devenir de un velero. De pronto, la apacible siesta se quiebra en un trueno ensordecedor. ‘Es un tonto del culo en una ruidosa moto acuática’, anota en el cuaderno-bitácora de su velero, el escritor, miembro de la Real Academia Española y navegante de tiempo completo, Arturo Pérez-Reverte.

La frase, escrita para un texto publicado en el año 1998, resume y configura algo del estilo y humor con que el cartaginés creador de “Las aventuras del capitán Alatriste”, se permite surcar las inmensidades del agua y también de la literatura en su último libro: ‘Los barcos se pierden en tierra’ (Alfagura), que aúna ‘Textos y artículos sobre barcos, mares y marinos entre 1994 y 2011’. Todos publicados en una columna que se llama “Patente de Corso” en la revista XL Semanal.

Los escritos de esta obra comprenden desde recuerdos de viajes, como cuando se embarcó a una expedición en el Cabo de Hornos y vió por primera vez una ballena o buscó ‘fantasmas marítimos’ en una visita al tradicional “Sunderland Bar” de Rosario. Asimismo contiene reflexiones sobre el Titanic, el Graf Spee, y evocaciones de la lectura primigenia de Melville, Conrad y otros grandes autores de la narrativa marítima.

También agrupa sus aventuras y desventuras al navegar un domingo frente a la costa de su Cartagena natal, donde puede estar 6 horas dando caza a un velero de unos jubilados ingleses que ni enterados o pensar cómo castigaría un fiero capitán de navío a un hato de cuarentones que, con el bramido de sus motos de agua, bandera de huesos y pañuelos en la cabeza, irrumpen su placentero curso Este.

Pero el autor de ‘La reina del Sur’ y ‘Patente de corso’, suelta además sus amarras y pone proa de aventurero para timonearnos por hazañas y epopeyas marítimas. Algunas de carácter ficcional sobre bravíos capitanes, tesoros perdidos, piratas muy malos y otros que, utopía mediante, son muy buenos. Otros son textos históricos, como el que cuenta sobre el sacrificio de casi toda la flota y tripulaciones españolas en Cuba, bajo un furibundo ataque estadounidense.

En medio de estas batallas, el marino de ‘bluyins’ -gastados por el sol y no por la fábrica que los parió, valga la aclaración-, nos regala sus visiones sobre política, el amor, la familia, y claro está, su devoción por el mar.

Incluso conocemos sus aversiones. La más rabiosa, que es la más aguda y graciosa, es contra los ingleses, porque según él, “Escriben la historia según les conviene, esconden sus derrotas y te restregan las victorias en la cara”, y agrega: “En sus narraciones a los españoles nos describen siempre como brutos, vagos. En las películas nos hacen aparecer como mexicanos. Y después está el tema de las varias invasiones, Gibraltar, etc.”

Entre menciones a Malvinas, la alianza de Thatcher y Pinochet, se agita en una respuesta a un lector y cañonea vengativo hacia el marino estrella de la vieja Albión, Horatio Nelson, que perdió un brazo en un fallido asalto a Tenerife. La saga de escándaletes de la realeza británica, es para Pérez-Reverte material para mofarse bruvucón como pirata: al principe Carlos le dice “El Orejas” y escribe sobre el “Tampax de Camila”.

Pero el encono del embravecido marino Pérez-Reverte, puede ser dirigido a cualquiera que no comparta los códigos fluviales. O los del sentido común. Las víctimas de su pluma-sable de bucanero pueden ser los políticos ineptos, algunos miembros de la fundación Greenpeace y hasta “un vecino gilipollas que escucha Bacalao a todo lo que da el volumen”. A todos los haría caminar por la borda sin más, este notable capitán de mar y guerra.

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Travesías, odiseas y otras crónicas extraordinarias

‘Mejor que ficción’ (Anagrama) es un compilado del escritor español Jorge Carrión, que reúne una veintena de textos producidos por destacados escritores iberoamericanos de periodismo narrativo.

Recorrer el distante Japón del puño de Juan Villoro, buscar fantasmas en Tánger con Edgardo Cozarinsky o experimentar junto a Juan Pablo Meneses, el 11-S en Estambul. Son algunos de los viajes inusuales, encuentros insólitos y hallazgos infrecuentes que propone el editor Jorge Carrión en ‘Mejor que ficción’, un compilado que reúne una veintena de ‘crónicas ejemplares’, todas producidas por destacados escritores iberoamericanos de periodismo narrativo.

Pero no sólo hay crónicas de travesías singulares, algunas en destinos tan remotos como Zanzíbar (Caparrós) ó feroces como Haití (Primera). También hay otros escritos, que cuentan odiseas, como la que expone Leila Guerriero sobre el Equipo Argentino de Antropología Forense y su tarea de reconocer a las víctimas del terrorismo de Estado local e internacional; una tensa caminata por Ciudad Juárez del periodista mexicano Fabricio Mejía Madrid y un relato sobre los secuestro en Colombia de Juanita León.

Sin tragedias, pero no por ello menos vehementes e intensos, son el periplo del chileno Lemebel por la noche gay de Santiago de Chile, un texto que contiene sino todas, casi todas las formas de llamar metaforicamente al sexo anal y a sus partes intervinientes y el de Gabriela Wiener, la periodista peruana que experimenta el sadomasoquismo en carne propia. También se destaca en ‘Mejor que ficción’, el encuentro providencial de Alberto Salcedo Ramos con el estrafalario peregrinar por el caribe colombiano de un ‘bufón de velorio’.

A modo de corolario, Jorge Carrión propone un ‘Diccionario abreviado de cronistas hispanoamericanos’ para ‘permitir al lector buscar por su cuenta un sinfín de propuestas’. Un apéndice que sin dudas abre el apetito por explorar otras regiones del inacabable territorio de la crónica y que desearán obtener, tanto los leedores ávidos del género como aquéllos que recién se inicien.

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La otra cara de San Pablo

En ’Manual práctico del odio’, (Corregidor) el escritor Reginaldo Ferreira da Silva narra la vida en la periferia paulistana donde un grupo de delincuentes planea un asalto y exhibe el lado oscuro y marginal de la capital financiera de América latina.

La percepción del turista que llega a San Pablo es siempre la misma: kilómetros interminables de autopistas hasta llegar al corazón de la ciudad y sus edificios suntuosos, los automóviles de lujo que inundan las calles y un enjambre de helicópteros que saltan, de un rascacielos a otro.

Esa imagen, fruto del poderío y concentración económica que vive Brasil, se deja ver en la capital financiera de América latina, como en ningún otro lugar del hermano país.

Pero en su periferia, la vida es bien diferente y así lo exhibe el escritor Reginaldo Ferreira da Silva ó Ferrez en su nuevo libro ’Manual Práctico del Odio’, donde evidencia la marginalidad y exclusión, en la que viven grandes porciones de la sociedad brasileña, y que lanza a miles de jóvenes y niños a una vida difícil.

Ferrez, quién conoce en carne propia la vida en la periferia de San Pablo, se reafirma como autor desde ese origen periférico, marginal y produce sus textos cargados con lenguaje de la calle e influenciado por la cultura del Hip hop, el graffiti y el RAP.

Sin hacer del delito un espectáculo, Ferrez narra en su ‘Manual práctico del odio’, la vida de un grupo de ’malandros’ o delincuentes mientras planean un robo, el último, que los salvará para toda la vida. Pero pronto el libro toma otro camino, se aleja del plan delictivo y se mete en cada personaje para explorar cómo es la vida en esa periferia.

Así el lector conoce a Régis, Lúcio Fé, Neguinho da Mancha na mao, Anina, Celso capeta y Mágico. También a las bandas contrincantes, entre las cuales irónicamente se puede incluír a la policía, con las que se disputan territorio, venganzas y traiciones.

Escrito con gran cantidad de términos locales y de lunfardismos, el libro trae un apéndice con sus traducciones, ’Manual practico del odio’ es un relato policial que describe la vida y la muerte en la periferia paulistana.

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Por todos los cielos

“Imaginarios del Paraíso” de Adolfo Colombres (Colihue) confronta las distintas visiones, creencias y mitos, que existen del Edén.

Desde los inicios de la humanidad el hombre se ha preguntado si existe vida después de la muerte, qué hay en el más allá y cómo es ese lugar. Las distintas civilizaciones intentaron dar respuesta a esas preguntas a través de las religiones en algunos casos, los mitos o creencias.

En ‘Imaginarios del Paraíso’ (Colihue) el antropólogo Alfredo Colombres, autor de Seres Mitológicos Argentinos, propone una respuesta transcultural a esas preguntas primigenias al explorar las distintas visiones históricas de ese territorio divino al cual todos desean acceder. Claro que, el camino hacia el edén es sinuoso e incierto y se puede caer, sin quererlo, en el oscuro averno.

Colombres presenta en las páginas del libro desde la concepción celestial de Los Persas, a la mirada del Hinduísmo y el Antiguo Egipto. Explora los paisajes griegos, la tradición hebrea, la cristiana, la mirada africana y de la América indígena. En el último capítulo del libro, Colombres también añade la mirada que tuvieron sobre el tema grandes autores de la literatura universal.

Apoyado tanto en análisis de las pinturas primitivas (hay muchas reproducciones en el libro), como en los textos primordiales de cada cultura, el autor confrontan las ideas de inmortalidad ó reencarnación, Paraíso e Infierno, entre mucha otras, mediante una exhaustiva busqueda e interpretacion de los universos simbólicos y poéticos. Algo que disfrutarán tanto el lector neófito como el experimentado.

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Notable selección de cuentos de Vila-Matas

“Chet Baker piensa en su arte” de Enrique Vila-Matas (DEBOLS!LLO) reúne quince relatos esenciales para conocer la obra del escritor catalán.

‘La fe de creer en una ficción que se sabe ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser conscientes de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella’, reflexiona uno de los personajes del cuento “Una casa para siempre”, primer relato de los quince que reúne el libro ‘Chet Baker piensa en su arte’, del escritor nacido en Barcelona, Enrique Vila-Matas.

La frase sin duda puese leerse en tono de clave del porqué de la reunión de estos relatos, que el ganador del Rómulo Gallegos y el Herralde, propone en este volumen. Es que los personajes de estos relatos selectos, como dice otro de los caracteres de Vila-Matas: “Se pasan el día fabulando” y sin embargo, para el lector resulta todo creíble, verosímil.

Estas figuras fabulan vidas que no tuvieron, se ilusionan con la que quisieran tener ó se recluyen engañados, en fingimientos. Existen algunos que son invenciones de otros y hasta los hay atrapados dentro de irrealidades varias de todo tipo, materia prima desde donde el autor le tira por elevación al matrimonio, las relaciones personales o la identidad.

Dentro de esas dimensiones que se abren, Vila-Matas se mueve como pez en el agua con estos cuentos donde la máscara, lo oculto y lo ignorado, salen a la superficie para regocijar al lector con humor y originalidad, pero no así a los personajes que padecen sin poder hacer mucho dentro de esas realidades ( ó ficciones, poco importa) que les tocó en suerte.

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