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El joven Mansilla, un hallazgo para la literatura argentina

La escritora María Rosa Lojo investigó el manuscrito ‘Diario de viaje a Oriente’, un libro de Lucio V. Mansilla que se creía perdido. Aquí nos cuenta cómo fue el proceso de trabajo, cuál es la importancia del descubrimiento para la literatura argentina y a qué conclusiones arribaron para la edición crítica que publica ahora Corregidor.

María Rosa Lojo es Dra. en Letras, una consumada escritora de ensayos, cuentos, novelas e investigadora especialista en literatura argentina. Hace seis años llego a sus manos el manuscrito original de ‘Diario de viaje a Oriente’ de Lucio V. Mansilla, un volumen que se consideraba extraviado para siempre. La investigadora, junto con un grupo de especialistas, trabajó sobre la obra y produjo un estudio crítico que acompaña la primera edición de ese diario que hoy se consigue en librerías de la mano de Corregidor.

¿Cómo llega a uds. el original de ‘Diario de Viaje a Oriente’?

Nos enteramos del hallazgo del manuscrito por el tataranieto de Lucio V. Mansilla, el escribano Luis Bollaert. Se sabía que Lucio había escrito un diario de ese fabuloso viaje a Oriente que hizo tan joven, apenas con 18 años, porque él mismo lo menciona en ‘Recuerdos de Egipto’ (1864), pero se consideraba perdido el original. Sin embargo, éste fue encontrado en el desván de la casa familiar de Luis Bollaert, luego del fallecimiento de su madre. Luis ya me conocía por mis trabajos anteriores sobre Mansilla, así como por mi novela ‘La pasión de los nómades’ (1994), cuyo protagonista es Lucio V. y decidió comunicarme su descubrimiento, a ver si valía la pena publicarlo.

Tuvieron muchas dificultades para trabajar con el material original…

No es nada fácil. Trabajamos unos seis años, desde que supimos de su existencia, hasta las últimas pruebas de galera, que se hicieron en 2012. Obras como ésta son ideales para el trabajo en equipo. Marina Guidotti y María Laura Pérez Gras se dedicaron intensamente a la tarea de fotografiar y transcribir el material, con el auxilio parcial de Cristina del Solar, profesora de la Universidada del Salvador. Victoria Cohen Imach realizó luego un análisis lingüístico del manuscrito, en el plano gráfico, morfosintáctico y semántico, con la colaboración externa de Elizabeth Rigatuso. Yo supervisé el conjunto del trabajo, así como las muchas notas al texto, y tuve a mi cargo la redacción final de la Introducción, a la cual todas hicieron aportes importantes. La labor de equipo es fundamental para poder dividir tareas, y consultar las dudas. Las correcciones son infinitas y cuantos más ojos expertos escudriñen un texto, mejor salen las cosas. En este caso había una dificultad extra, que era descifrar dos cuadernos manuscritos, deteriorados y literalmente desteñidos, con partes incluso escritas en lápiz, con tachaduras y enmiendas. A veces hubo que volver una y otra vez a revisar una misma página. El segundo manuscrito, vertical, intenta pasar en limpio al primero, apaisado. Pero la transcripción es incompleta y presenta variantes con respecto al borrador original. También hacemos la detallada comparación de ambos en la edición de Corregidor.

¿Cuál es la importancia dentro de la obra de Mansilla?

El Diario tiene una enorme importancia para la llamada “crítica genética”. Es una llave de ingreso a la obra posterior de Mansilla, porque este viaje crea las condiciones de posibilidad de su mirada singular, no ya sobre los indios de la India, sino sobre los de su propio país, motejados como “bárbaros” irrecuperables por el pensamiento hegemónico de su tiempo. Es que en Calcuta, o en Madrás, o un poco después, en los salones de París, es él quien será visto como un “bárbaro” periférico, proveniente de un país “salvaje”. Así, el joven Lucio aprenderá que todo es relativo, que los juicios de valor dependen de quién mira la realidad y desde dónde se lo hace.

Además repercute en otras obras del autor…

Si, en muchos escritos posteriores que reelaboran este periplo extraordinario. Dos de ellos: ‘De Adén a Suez’ (1855) y ‘Recuerdos de Egipto’ (1864) se han incluido en esta edición. Pero también Mansilla se refiere al tema en varias de sus causeries (ensayos breves, de tono conversacional), y en múltiples lugares, incluida su gran obra ‘Una excursión a los indios ranqueles’ (1870). Aunque el aprendiz del Diario está lejos de ese maduro escritor, en su mirada aún ingenua y asombrada ya aparece la ironía con respecto a las diferencias y similitudes recurrentes de la condición humana o al colonialismo británico y sus prácticas imperiales (después de todo, era sobrino y ahijado de Juan Manuel de Rosas). Se advierte, además, por la enumeración de sus lecturas, no solo de sus aventuras geográficas, una intensa avidez intelectual que lo acompañará siempre, permitiéndole ir de los libros al mundo, y volver desde el mundo a los libros, tejiendo redes fecundas entre experiencia y erudición, entre la lengua propia y las lenguas ajenas. Esto será siempre un sello distintivo de la escritura mansillana.

También es notable para la literatura argentina en gral.

Mansilla es el primer escritor argentino en hacer un viaje cuyo destino inicial es el Oriente asiático y su Diario inaugura este campo discursivo y temático en la literatura nacional.

¿Qué los sorprendió al leer el manuscrito?

Muchas cosas. Una de ellas es que aunque Lucio V. se quejará siempre de su falta de herramientas culturales para abordar un mundo tan distinto y complejo, al lector de hoy lo cautiva precisamente eso: la dimensión del choque, sin filtros, sin intermediarios. Cuando Mansilla es enviado a Calcuta, ni siquiera conoce la cercana ciudad de Montevideo. No está preparado para todo lo que va a ver, y por eso mismo la experiencia lo impacta tan profundamente, aunque carezca entonces de los recursos para interpretarla y dar cuenta de ella.

También hay muchas referencia a familiares…

Si, es interesantísimo desde el punto de vista de las relaciones familiares y las formas de la sensibilidad de la época. Durante toda la travesía marítima, domina el recuerdo constante de la familia en los términos más afectuosos: la madre, la abuela fallecida que vela por él, la hermana, los hermanos. Con respecto al padre la cuestión es más compleja, porque Lucio se sabe de algún modo “desterrado” por faltas que ha cometido (lecturas inconvenientes, amores más inconvenientes aún). En este punto se mezclan el afecto, cierto temor, el deseo de quedar bien a toda costa mostrando que se ha madurado, dando cuenta de otras lecturas respetables, instructivas, que podrán convertirlo en viajero profesional y experto comerciante. A eso, a quedar bien con su padre, se destina el manuscrito vertical que pasa en limpio parte del borrador apaisado, pero se detiene, lamentablemente, en lo más interesante, con la llegada a Calcuta.

Parece ser un viaje muy sufrido para el joven Mansilla…

La impresión que deja el adolescente narrador de la travesía marítima es bastante patética: un chico hipersensible, o un niño mimado, que sufre agudamente la soledad y los mareos, a quien le repugnan los medicamentos para las náuseas o la diarrea (pero ya no puede rechazarlos como en su casa, porque los tripulantes se burlarían de él). Aunque la nostalgia por los suyos sigue presente cuando toca tierra (el 21 de febrero recuerda que ya han transcurrido casi seis meses sin noticia alguna), la angustia va desapareciendo y es paulatinamente reemplazada por la expectativa y la curiosidad. Quien termina su viaje no es el mismo que ha partido. Su saldo más rico será el conocimiento de la propia identidad y de la propia comunidad a través del juego de espejos de la distancia, del permanente vaivén de los opuestos.

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La otra cara de San Pablo

En ’Manual práctico del odio’, (Corregidor) el escritor Reginaldo Ferreira da Silva narra la vida en la periferia paulistana donde un grupo de delincuentes planea un asalto y exhibe el lado oscuro y marginal de la capital financiera de América latina.

La percepción del turista que llega a San Pablo es siempre la misma: kilómetros interminables de autopistas hasta llegar al corazón de la ciudad y sus edificios suntuosos, los automóviles de lujo que inundan las calles y un enjambre de helicópteros que saltan, de un rascacielos a otro.

Esa imagen, fruto del poderío y concentración económica que vive Brasil, se deja ver en la capital financiera de América latina, como en ningún otro lugar del hermano país.

Pero en su periferia, la vida es bien diferente y así lo exhibe el escritor Reginaldo Ferreira da Silva ó Ferrez en su nuevo libro ’Manual Práctico del Odio’, donde evidencia la marginalidad y exclusión, en la que viven grandes porciones de la sociedad brasileña, y que lanza a miles de jóvenes y niños a una vida difícil.

Ferrez, quién conoce en carne propia la vida en la periferia de San Pablo, se reafirma como autor desde ese origen periférico, marginal y produce sus textos cargados con lenguaje de la calle e influenciado por la cultura del Hip hop, el graffiti y el RAP.

Sin hacer del delito un espectáculo, Ferrez narra en su ‘Manual práctico del odio’, la vida de un grupo de ’malandros’ o delincuentes mientras planean un robo, el último, que los salvará para toda la vida. Pero pronto el libro toma otro camino, se aleja del plan delictivo y se mete en cada personaje para explorar cómo es la vida en esa periferia.

Así el lector conoce a Régis, Lúcio Fé, Neguinho da Mancha na mao, Anina, Celso capeta y Mágico. También a las bandas contrincantes, entre las cuales irónicamente se puede incluír a la policía, con las que se disputan territorio, venganzas y traiciones.

Escrito con gran cantidad de términos locales y de lunfardismos, el libro trae un apéndice con sus traducciones, ’Manual practico del odio’ es un relato policial que describe la vida y la muerte en la periferia paulistana.

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Relatos cortos para el asombro

“Cuentos selectos de Felisberto Hernández” (Corregidor) reúne 17 piezas clave para entender la extraña poética del notable escritor uruguayo. La edición cuenta con selección y prólogo de Gustavo Lespada.

“A pesar de todo, me parece que cada vez escribo mejor lo que me pasa: lástima que cada vez me vaya peor”, dice el protagonista del cuento “Las dos historias”, uno de los relatos que integra el libro “Cuentos selectos de Felisberto Hernández”, novedad de Editorial Corregidor.

La frase del personaje podría representar una gran parte de la vida del escritor y pianista uruguayo que nació en Montevideo el 20 de octubre de 1902 y falleció en 1964.

“Abundan los datos biográficos acerca de las penurias económicas de Felisberto, quién apenas contó con educación primaria y comenzó a trabajar como pianista de cine mudo a los catorce años”, explica Gustavo Lespada, Licenciado en letras (UBA) y seleccionador de los relatos, en el prólogo.

Pero el escritor suplió la escasa educación formal con afán autodidacta y en 1925 publicó su primer libro: “Fulano de Tal”.

“Libro sin Tapas” apareció en 1929. “Eran apenas unas pocas hojas abrochadas, sin tapas, apenas parecía un libro”, cuenta Lespada y agrega: “Estaba hechos con un papel que el escritor Juan Carlos Onetti llegó a comparar con el que se envuelven los fideos”.

Hacia 1940, el autor abandonó totalmente la música y se dedicó de lleno a la literatura. “Cuentos selectos” reúne los trabajos más emblemáticos de Felisberto Hernández a partir de 1943, como “El caballo perdido”, “La pelota” y “Mi primera maestra”.

También reproduce íntegramente el libro “Nadie encendía las lámparas”, que incluye “El Balcón”, donde una mujer que suple la muerte de su madre en una relación fetichista; “El acomodador”, sobre un joven acomodador de cine que se degrada en el hacer para otros ó “Menos Julia”, que cuenta un rito ceremonial donde un hombre disfruta de tocar la cara de jovencitas dentro de un túnel oscuro.

En ese volúmen sobresalen “El cocodrilo” donde el protagonista, un corredor de medias, descubre que puede llorar a piacere para vender más su producto y “La casa inundada”, que narra la historia de un pianista que consigue trabajo como remador de un bote en una excéntrica mansión.

“Cuentos selectos” también incluye los relatos “El corazón verde”, “La mujer parecida a mí”, “Mi primer concierto”, “El comerdor oscuro”, “Muebles El Canario”, “Mur” y “Lucrecia”.

“Los climas oníricos, el humor extravagante o absurdo, la animación de objetos y una singular exploración del misterio en las entretelas de los cotidiano, son algunos de los rasgos más reconocibles de su estética”, explica el compilador y recuerda una reflexión que hicieran tanto Onetti como Italo Calvino: Felisberto no se parece a ninguno.

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