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La ventana indiscreta

“Cine”, del rosarino Juan Martini (Eterna Cadencia), es uno y varios libros a la vez. Es la historia de Sívori, un director de cine demasiado curioso. Es también la historia de un proyecto inacabado y una reflexión de la creación artística y en particular del séptimo arte y su oficio en Argentina.

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“La vida es algo que pasa mientras nos atormentamos con trivialidades”, dice Sívori, mientras hierve fideos secos con salsa de tomate y abre una botella de vino. El es director de cine, de los que hablan y encuentran relaciones y parecidos entre personas de la calle con las de la pantalla grande y el principal personaje de “Cine”, la última novela del rosarino Juan Martini.

Sívori intenta escribir un guión sobre Evita. Y se enfoca en un momento particular del 17 octubre. La idea es narrar las dos horas que “la abanderada de los humildes” esperó entre que Juan Perón estuvo en el hospital militar y llegó a Casa Rosada, cuando en aquél legendario día de 1945 el general fue liberado de la prisión en la isla Martín García, por la presión popular. “Sin fanatismos ni gorilismos”, dice.

Sin embargo, las ocupaciones del director se ven interrumpidas por la presencia inquietante de su nueva vecina. Y comienza a acecharla desde el anonimato que le da la cortina de su cocina y los canales de video de seguridad del edificio. ¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica? ¿Qué lee?

Pero como L. B. Jefferies, el personaje de James Stewart en “La ventana indiscreta”, el clásico de Hitchcock, Sívori tendrá dejar la simple observación y pasar a la acción.

La novela transcurre en una Buenos Aires actual, donde los jóvenes de clase media van a bares como “La Cigale” o “Mondo Bizarro” pero también los hay tomando una cerveza en el kiosco de la esquina.

Centrada físicamente en el barrio de Palermo, tiene como epicentro Santa Fe y Scalabrini Ortiz, lugar donde Sívori se reconoce. Pero el cineasta, rutinario, camina 30 minutos por día, y traza su recorrido bordeando el jardín botánico hasta llegar algunas veces al Rosedal y otras hasta la plaza Seeber.

En una de sus caminatas el protagonista evoca la película “Mulholland drive” (aquí estrenada bajo el nombre “El camino de los sueños”) de David Lynch. Film de estudio en universidades y escuelas de cine por su prodigiosa realización.

“Todo está en el verosímil” dice Sívori, ¿porqué es tan importante ese film? Conocido por su complejidad estructural, es una tesis sobre sobre verosimilitud en el cine. Nada de lo que está ahí es real, sólo es apariencia, todo es ilusión. ¿Al igual que el libro? La novela y el personaje de Sívori dialogan en más de una ocasión con ese u otro film, como cita, o analogía.

A esta altura el lector podrá pensar que Martini ama el cine o que entrega una novela irónica sobre los estereotipos que lo rodean. Ambas lecturas denotan que existe algo de peculiar en los seguidores del séptimo arte y que muchas veces se asemeja a un gueto inexpugnable.

Las intervenciones del narrador en la historia, las circularidades temporales y una construcción férrea de personajes creíbles hacen imposible dejar de leer sus páginas y confirman la destreza y el porqué Martini es una de las nuevas figuras de la literatura argentina.

El autor

Juan Martini nació en Rosario en 1944. Vivió en Barcelona desde 1975 hasta 1984.

Ha publicado numerosos libros entre los cuales pueden mencionarse Barrio Chino (relatos, 1999), Composición de lugar (1984), La construcción del héroe (1989), El enigma de la realidad (1991) y Rosario Express (relatos, 2007), entre otros.

Recibió las siguientes distinciones: Mención Casa de las Américas (Cuba, 1977), Premio de Novela Ciudad de Barbastro (España, 1977), Beca de la Fundación Guggenheim (Estados Unidos, 1986), Primer Premio Municipal de Literatura (Buenos Aires, 1989), y Premio Boris Vian (Buenos Aires, 1991).

Hoy vive en Buenos Aires y dirige talleres de escritura narrativa.

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Terapias para el dolor

En “Los fantasmas del masajista”, del mexicano Mario Bellatín (Eterna Cadencia), una huella aqueja a todos los personajes. Extirpados de un pasado feliz, cada cual carga con una ausencia en su cuerpo o en su espíritu.

masajista

El narrador es un paciente de una “clínica para amputados o que están por serlo” que conoce la historia de la madre de su doctor. La mujer es una “declamadora profesional y de fama” -según él- que lo pierde todo en una mala decisión profesional.

Entretejiendo pequeñas historias, Bellatín propone un relato con toques de humor negro que le aportan frescura a la narración. Personajes inconclusos en su existir diario que sufren situaciones impredecibles más no improbables. Lo autobiográfico se expone. La separación y las amputaciones recorren el relato y dividen físicamente al libro en dos, como un espectro que lo cubre todo.

A modo de epílogo aparece una serie de fotografías color, y blanco y negro dónde la historia vuelve a contarse, desmembrada, en sus epígrafes. Aparecen imágenes de situaciones, lugares y personajes posibles en una sucesión fantasmagórica. O más bien las huellas de ellos, pues ¿qué es la fotografía sino una huella de lo que fue alguna vez?

Mario Bellatín nació en México en 1960. Inició su carrera de escritor en Perú, con la publicación de Mujeres de sal (1986) y desde entonces ha publicado más de una decena de novelas; algunas de ellas han sido traducidas al inglés, francés, alemán, italiano, portugués y rumano.

En 2001 fundó la Escuela Dinámica de Escritores, un proyecto que, paradójicamente, surge a partir de la idea de que no se puede enseñar a escribir.

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