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Es el equipo de Sasturain

‘Picado Grueso’ de Juan Sasturain (Sudamericana) reúne veinte cuentos donde el escritor nacido en Gonzalez Chávez despliega sus dos encendidas pasiones: el fútbol y la literatura.

‘El manejo de la pelota como el del lenguaje -puestos en buenos pies y manos- son un desafío a la creatividad’ reflexiona Juan Sasturain, 67 años, en la contratapa de ‘Picado Grueso’, su nuevo libro que reúne una veintena de cuentos ‘futboleros’.

Los protagonistas de esos relatos son jugadores desperdiciados y otros que son un desperdicio, extraños detés y promotores singulares.

Pero donde Sasturain encuentra un mayor campo de juego para zigzagear y convertir en gol con su estilo, es con historias de las márgenes del deporte, como cuando se interesa por la sufrida vida de un lineman, la desmedida pasión de los hinchas ó las reflexiones que le impone el metegol.

Es allí donde podemos comprobar que esa creatividad, a la que hace referencia el autor en contratapa del libro, no puede estar en mejores manos.

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Reeditan “Los sentidos del agua”, de Juan Sasturain

La novela es una pieza de policial negro con personajes sin escrúpulos, donde nada es lo que parece.

“Los sentidos del agua” de Juan Sasturain (De Bolsillo) es una novela que vio la luz allá por el año 1990 en Madrid, cuando al autor nacido en González Chávez, provincia de Buenos Aires, le pidieron una novela policial negra para ser publicada semanalmente en el diario Cambio 16.

Pero recién en 1992, cuenta en el prólogo el autor, “la novela fue la que es”. La versión que publicó Cambio 16 había sido editada y “necesariamente mutilada” -cuenta Sasturain- a menos de la mitad de la actual extensión.

En la novela, el protagonista es el uruguayo Spencer Roselló. Un traductor simultáneo con pocas pulgas y estilo aventurero, que trabaja para la Unesco en París.

Roselló será recordado en el edificio internacional, escribe en las primeras páginas Sasturain, por una acción sindical que promovió antes de una cumbre para protestar por los bajos sueldos: “Micrófonos silenciosos y traducciones lentas”, había amenazado.

Junto a su esposa “La Joya”, Spencer debe huir a Barcelona, luego de un oscuro hecho de apuestas que terminó con el representante de Camerún atado en el baño de mujeres del edificio.

Radicados en la ciudad mediterránea ambos pretenden ganarse la vida como “traductores al paso” e intentan captar clientes con ardides más cercanos a estafadores de feria que a intérpretes profesionales.

Una tarde, la pareja es abordada por un editor de revistas que le propone una nueva pero enigmática labor: traducir del español al inglés una colección de comics inconclusa llamada “Vietman”.

La pareja acepta el reto, pero al poco tiempo descubren que algo raro ocurre con la serie y que su autor desapareció sin dejar rastros. Pero lo que más mueve a Roselló es que vislumbra un negocio mayor aún.

El traductor muda en detective. Busca datos del autor, de la colección. Debe llenar casilleros vacíos para rearmar la historieta y el paradero del autor y de paso alzarse con un botín. Pero hay demasiados intereses en juego y su vida corre peligro. Sólo el “Gordo Arroyo”, el enigmático dueño de la empresa de sanitarios “Waterway”, lo ayuda en su cometido.

Una trama sin fisuras, personajes que van de lo detectivesco al humor con fluidez, y esas ricas referencias culturales o históricas que acostumbra Sasturain a volcar en sus obras, dan como resultado una historia consistente, divertida, que no da respiro.

“La idea, si es que hay alguna – escribe en el prólogo Sasturain- es que el sentido de lo que hacemos se nos escapa pese a nuestra más enfática intensión de asirlo”.

Sobre el autor

Juan Sasturain vive y trabaja en Buenos Aires. Escribe ficción, poesía y ensayo. Algunas de sus novelas son “Manual de perdedores”, “Arena en los zapatos”, “La lucha continúa” y “Pagaría por no verte”. Reunió sus cuentos en “Zenitram”, “La mujer ducha” y “El caso Yotivenko”. Publicó también para el público juvenil “Los galochas”, una serie de relatos ilustrados por Liniers, y es autor de Perramus, junto al dibujante Alberto Breccia. Ha escrito sobre historieta y humor gráfico, y sobre el mundo del fútbol. Es editor en el diario Página/12, dirige la revista Fierro y es coguionista y conductor del ciclo televisivo “Ver para leer”, premiado con dos Martín Fierro.

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Cielo e infierno del “Santo Sudario” en los mundiales

En “La Patria transpirada, Argentina en los mundiales 1930-2010” (Random House), el escritor y periodista Juan Sasturain reconstruye el zigzagueante camino de la Selección Nacional de fútbol desde la competencia iniciática de Uruguay hasta el actual porvenir sudafricano.

“A partir de 1930 – en el fútbol y en la vida de los argentinos – nada volvió a ser lo que era. Se rompieron tres mitos: la creciente prosperidad agroexportadora, la relajada democracia yrigoyenista y el mítico amor a la camiseta”, escribe Sasturain. Se refiere claro está, al crack económico de Wall Street, al golpe de estado de Uriburu y a la derrota de la Argentina en el Centenario, en una “final de barrio” con Uruguay.

“Los últimos argentinos felices serían los de los años 20”, destaca el actual conductor del ciclo televisivo ‘Ver para leer’, “porque después llegaría la primera ola de sinceramiento deportivo, político, económico”, pica por izquierda el escritor, con ironía.

Son los primeros toques y paredes que construye el escritor nacido en Adolfo Gonzales Chaves, provincia de Buenos Aires, en “La Patria transpirada, Argentina en los mundiales 1930-2010”; libro donde reconstruye el camino del seleccionado nacional por las competencias mundialistas desde el Uruguay del ‘30, hasta incluso, el inminente porvenir sudafricano.

El primer capítulo está dedicado a la historia de aquélla protoselección del “30 piloteada por el delantero Manolo Ferreyra. Argentina ganaba 2 a 1 y terminó perdiendo 4 a 2. La conclusión del autor es que se fundaron dos mitos al mismo tiempo: “la garra charrúa” y “el arrugue argentino”.

Llegará después el capítulo titulado “Invitados a una decapitación: cómo estar sin haber ido, o ir y no haber estado”, sobre la presencia fantasmagórica del team nacional en la Italia del ‘34.

El autor no le escapa a las polémicas históricas del juego y se queja de cuando el entrenador pasó a ser “Dété”; explica las “pasiones desveladas” que le provocó el mundial Corea-Japón; lo que sucedió cuando esa “rubia fatal” salida de una novela negra de Raymond Chandler, le cortó las piernas al 10.

En “Menotti y el misterio de los tres palos del Diablo”, sobre Mundial ’78, el escritor inicia el texto interrogándose que hubiera ocurrido con la dictadura si ese tiro póstumo del holandés Rosembrick sobre el final de los 90 minutos, hubiera ingresado al arco. ¿Se habría desmoronado la dictadura? ¿Podría el humor social, sacudido por la pérdida en localía, haber sido suficiente para que los militares se alejaran del poder? A la ucronía planteada, que deja entrever los deseos propios del autor, le siguen un relato del partido y unos magníficos párrafos acerca de la diferencia entre el “arco” argentino y “el marco” español. “Están aferrados al tomo rectangular de la Real Academia”, concluye.

Deportivamente hablando, la peor parte se la lleva Carlos Salvador Bilardo una páginas más adelante, “es algo asi como un asesino serial del futbol” escribe Sasturain y tampoco le son ajenas las críticas a la mezquindad de “su banda de los penales” del “90.

Sobre la base de anécdotas que escuchó cuando aún llevaba puesto los cortos y lo que vivió personalmente durante las competencias como periodista o hincha, Sasturaín teje el dato histórico, el del cine y la literatura argentina, ensamblando un libro ineludible para gambetearle a la ansiedad hasta el 12 de Julio, cuando la albiceleste transpire una vez más.

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