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Rio de Janeiro, Estado de gracia.

La capital turística de América del Sur fusiona la imponente escena de la metrópolis urbana con escondidas bahías e islas de ensueño del litoral sur. Las cuatro horas de avión que nos separan de Rio, la capital del Estado, sólo son un pequeño salto, para poder disfrutar con el color y sabor de una ciudad maravillosa en estilo y contrastes. Brasil vive un consolidado esplendor y Rio, su corazón, no está al margen.

La amplitud de actividades para realizar y alojarse allí son las claves para entender los secretos de su éxito como destino del turismo mundial. Después de descender en el Aeropuerto Internacional Antonio Carlos Jobim, el galeao, un abanico de posibilidades se desenvuelve frente a nuestros ojos, más la imponencia de la Bahía de Guanabara, la geografía accidentada de su costa y la construcción de una magnífica urbe entre cerros plenos en vegetación, obliga a dedicarle tiempo a la contemplación de una ciudad única. Entender la disposición espacial de la ciudad de Rio de Janeiro lleva su tiempo y es recomendable en principio realizar la visita a dos de sus eslabones de Adn, el Cerro Corcovado y el Pan de azúcar.
Al cerro Corcovado se puede llegar a pie, por auto y tren, recorridos que atraviesan la floresta de Tijuca, una de las pocas selvas urbanas que existen en el mundo. Pero la forma de acceso a la cima que viene teniendo cada vez más adeptos es en helicóptero. Con recorridos que van desde los siete minutos hasta la hora en el aire, se puede conocer de esta forma además, casi toda la ciudad. La magnífica vista de 360º desde el mirador del Cristo Redentor a 710 metros de altura, parece incomparable con la sensación que promete Río a vuelo de pájaro. Vistas inimaginables e inaccesibles lugares se brindan al pasajero de este vertiginoso recorrido aéreo donde dominan las emociones fuertes. Podemos suspendernos a la altura de los ojos del Cristo, por encima del Maracaná y recorrer la costa de Río en una sucesión subyugante que cansa el dedo índice del fotógrafo más entrenado. Para que los pasajeros vislumbren todo el esplendor de la ciudad existen ocho rutas aéreas posibles y el costo del paseo va desde los R$ 150 a los R$ 875 por persona. Aunque es necesario un mínimo de tres pasajeros para el despegue de la nave, es posible compartir los vuelos con otros visitantes.
El helipuerto inicial de esta travesía se encuentra en la mirador del Morro de Urca, primer parada del teleférico popularmente conocido como “bondinho” hacia el Pan de Azúcar.
Antes del despegue, se puede disfrutar de una de las panorámicas que todo viajero desea tener en su álbum personal. Rio, La ciudad monumental, se expande hasta donde nuestra visión nos permite ver. Combina modernidad y tradición en equilibrio. Donde el desarrollo urbano no opaca ni avasalla las construcciones de la época de la conquista del Imperio Portugués.
El viaje ideal en helicóptero es en días claros y despejados, pues hasta en cercanías del Cristo Redentor, uno de los puntos obligados del paseo, éste puede ocultarse por momentos entre nubes si las hay. La comunidad católica más grande del mundo tiene aquí uno de sus santuarios más visitado, casamientos y bautismos se llevan a cabo diariamente en una capilla montada dentro de la estructura que observa y abraza la ciudad.
Con rumbo sur, se encuentran las tradicionales bahías de Copacabana, Ipanema y su continuación Leblon. Alejada del vértigo del centro fluminense se extiende Barra de Tijuca.
Copacabana es una de las más famosas playas cariocas que alberga a casi todas las cadenas de hotelería y es la sede cada 31 de diciembre de la fiesta de la Révellion, donde se reúnen 2 millones de personas para recibir al año nuevo en sus calles. La famosa Av. Atlántica acompaña a la bahía con una vereda de piedras portuguesas blancas y negras en formas de olas. Todos los sábados se interrumpe el tránsito convirtiéndose en lugar de encuentro y práctica de varios deportes.
Ipanema, la playa mundialmente conocida por la canción Garota de Ipanema que escribiera en 1962 Vinicius de Moraes, ahora brilla también por ser un destino elegido por las marcas de diseño y de alta gama para exhibir sus productos. La cantidad de locales de objetos, ropa y accesorios confirman un presente económico en expansión sostenida. Uno de las marcas que los brasileros prefieren es Osklen. Con tiendas en Milán, Tokyo, Roma y Ginebra la marca se inspira tanto en el dinamismo de la metrópolis como la exhuberancia de la naturaleza. Sofisticación y despojamiento juegan unidos a una visión del lifestyle contemporáneo para el hombre y la mujer.
El morro Dois Irmãos, una de las más bellas postales y menos difundidas de Rio, separa Leblon de Barra de Tijuca, una bahía con 18 km de extensión ideal para la práctica de deportes náuticos.
De regreso, es imperioso cruzar la Bahía de Guanabara en busca de la ciudad de Niteroi, ubicada frente a Río. El Museo de Arte Contemporáneo, diseñado por el arquitecto fundacional del Brasil moderno Oscar Niemeyer, domina la atención por su particular forma de ovni.

Cae la noche tropical.

Gastronomía y entretenimientos lideran la noche. Se pueden encontrar fácilmente platos de cocina autóctona, internacional y étnica en los hoteles y restaurant de toda la ciudad. Con la segunda comunidad oriental del mundo, Rio vive una explosión de restaurants de Sushi Los grandes aspettos corridos de la Av. Atlàntica de Copacabana ofrecen un all you can eat desde R20. Gracias al gran litoral marítimo que posee todo Brasil en los menúes sobresalen los platos de pescados y mariscos. La esquisita feijoada, el plato típico del país, preparada especialmente los sábados, es una especie de guiso que se cocina con muy variados ingredientes, pero en el cual no puede faltar los porotos negros y la carne de cerdo o de ternera. Arroz blanco y harina de mandioca completan los ingredientes principales que pueden variar o extenderse según la región. Al igual que se dio en el porteño San Telmo, en el barrio carioca de Lapa se vive una incipiente revalorización inmobiliaria gracias a la instalación de bares y pubs frecuentados por turistas y residentes. Rio Scenario, un pub multiespacio construído en un remozado petit hotel de tres niveles se destaca del resto. Ambientado en su totalidad como un almacén de ramos generales tiene la particularidad de que todo el mobiliario y objetos expuestos está a la venta. Posee tres pistas en las cuales puede bailarse desde forró, el estilo tradicional norteño, música electrónica o samba, según su preferencia. La entrada al complejo ronda los R25 una suma que bien vale la pena gastar para conocer un destello de la agitada noche de Río.

Regalo de reyes

Dos años después del descubrimiento de la Bahía de Guanabara., en 1502, un grupo de naves portuguesas entró a la bahía de Ilha Grande el 6 de Enero y bautizó al lugar Angra dos Reis, que significa ensenada o pequeña bahía de los Reyes.

A sólo 150 km al Sur de Rio de Janeiro por la autopista BR101, La forma accidentada de La Serra do Mar se zambulle en el Atlántico y forma un archipiélago de 365 islas con mas de 2000 mágicas playas en un entorno natural como pocos en el mundo. La mata atlántica, completa el cuadro en todo su esplendor, tiñendo las aguas cristalinas de tonos verde esmeralda.
Angra dos Reis es la puerta de acceso y punto de partida para descubrir un sin fin de islas ideales para las travesías náuticas. La alta visibilidad bajo el agua y una abundante vida marina, convirtieron a Angra también en uno de los mejores lugares para la práctica del buceo de la costa de la región Sudeste. Hay muchas escuelas donde tomar clases y muchos destinos para descubrir. Uno de los lugares recomendados para la practica del deporte es Ponta Leste, donde se encuentran los restos sumergidos de algunos barcos naufragados. Las ilhas Botinas y Lagoa Azul paradas obligadas para el snorkeling.
En la parte continental las opciones de alojamiento van desde pousadas familiares hasta escondidos y exclusivos resorts para los que buscan privacidad y lujos en su estadía. La gastronomía local se centra en delicados platos con frutos de mar, más pueden encontrarse de todos los estilos gracias a la amplitud de ofertas que ofrece el lugar. Existen varias islas restaurant y en los resorts más grandes puede encontrarse comidas internacionales que satisfacen a cualquier visitante..

Elija su propia aventura

Es indispensable realizar el paseo en barco por la bahía de Angra para embelezarse con el paisaje único que ofrecen grandes islas y pequeños islotes que se suceden. El turista también puede alquilar un barco, velero o lancha y ser conducido hacia su destino para pasar el día en alguna isla a libre elección.

Frente a la bahía de Angra se ubica Ilha grande, la perla turística de la zona. Con una superficie de 193 km2 y más de 100 playas en su perímetro, es habitada por 3000 personas en la zona urbana y sólo puede ser recorrida por tres automóviles: el del correo, los bomberos y la ambulancia. Turistas y residentes solo pueden transportarse a pie o en bicicleta. Aquí el turista puede hospedarse en hoteles, posadas, albergues y campings, pero los resorts aún no han desembarcado.

En busca de la ruta del Ouro

En el otro extremo de la Bahía de Angra de Reis se encuentra Paraty, sitio declarado Patrimonio Nacional por el Gobierno de Brasil. Es la joya del Estado que combina el turismo tradicional con el cultural. Parte importante de la historia de Brasil pasó por aquí. Tuvo gran desarrollo económico debido a sus ingenios de caña de azúcar, siendo sinónimo de buena Cachaca y Pinga, otro destilado.
La zona era el punto inicial del Camino del ouro, un sendero de piedra construido y transitado por los esclavos que servían en el transporte de café y el oro. El Camino se encuentra rodeado de la exuberante vegetación atlántica del Parque Nacional da “Serra da Bocaina”, punto de pasaje obligatorio entre los siglos XVII y XVIII que lo unía a Río de Janeiro, São Paulo y Minas Gerais. Su nombre “Paraty” proviene viene de un pez que los nativos veían en el río donde sus aguas se mezclaban con las del cálido Atlántico.

En el siglo XVIII, Paraty sufría constantes embestidas de piratas que se refugiaban en las ahora paradisíacas playas como Trinidade, lo que llevó a mudar la ruta del oro y sumergió a la ciudad en un gran aislamiento. Recién en los años ’70, cuando se inauguró la Rodovia Rio-Santos, Paraty se volvió un polo de turismo nacional e internacional. Debido a su buen estado de conservación es posible entrar realmente un túnel del tiempo.
Recorrer el centro histórico de Paraty nos lleva a la época colonial. Calles estrechas y empedradas con casas que fueron emplazadas cuidadosamente para una mejor distribución del sol, los vientos y la sombra entre ellas. La ciudad fue construida al mismo nivel del mar, por lo que hay cinco o seis veces al año en que la marea alta sumerge a las calles de la ribera, convirtiéndola en una Venecia brasilera a escala pequeña.
La ciudad fue fundada en 1667 en torno a la Igreja de Nossa Senhora dos Remédios, localizada frente a la Praça do Imperador, es el lugar de mezcla entre los turistas que pasean y los locales que se encuentran. Por lo general, es aquí donde se desarrollan algunas fiestas organizadas por la prefeitura de la ciudad. La más importante es la “Festa do Divino Espíritu Santo”, el equivalente al Pentecostés cristiano, que se desarrolla entre el 2 y el 11 de Mayo. El otro encuentro multitudinario es la “Flip”, Festa Literaria Internacional de Paraty, donde autores y público se dan cita los primeros días de Agosto.
La calle principal es la Rua da ferraría o calle de la herrería, actividad indispensable en los tiempos coloniales para el transporte con caballos y mulas que alcanzaban acarrear en caravana, dos o tres toneladas de peso por viaje. Ahora la calle tiene locales comerciales de artesanías, pasando por textiles y hasta la “oficina de la cachaca” un local que tiene de pared a pared y del piso al techo todas los variedades y marcas que existen en el Estado de la bebida por excelencia del Brasil. El turista podrá degustar allí varios estilos del destilado de la caña, incluyendo la famosa “Gabriela” una deliciosa variedad reposada con canela, clavo de olor y jengibre que inspiró a Jorge Amado para su novela “Gabriela, clavo y canela”.

Publicado en Revista Clase Ejecutiva, Sep 08

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